SANTA ROSA DE LIMA, MODELO E INSPIRACIÓN DE VIDA CRISTIANA

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SANTA ROSA DE LIMA, MODELO E INSPIRACIÓN DE VIDA CRISTIANA

Al celebrar hoy a Santa Rosa de Lima, primera santa del continente americano, elevamos nuestra mirada agradecida a Dios y sentimos –de modo especial quienes hemos nacido y vivido en esta querida ciudad– la urgencia de dejarnos inspirar por tan insigne modelo.

Patrona de Lima, del Perú y de América es reconocida nuestra conciudadana santa. ¿Qué significa que sea Patrona? Habitualmente, en el ámbito religioso, se suele entender como patrón o patrona una advocación mediante la cual se invoca a Dios y se obtiene el favor o protección divinos. Sugiere la idea de protector (a). Pero patrón, puede significar también, como lo expresa el diccionario: «modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual». Podríamos decir que un santo declarado patrón es, ante todo, modelo para lograr una configuración con Jesucristo como la que el declarado patrón ha logrado.

Mirando desde esa perspectiva a Santa Rosa, conviene preguntarnos hoy: ¿qué podemos aprender de Santa Rosa, nuestra Patrona? ¿Por qué es modelo, ejemplo de vida cristiana?

El año 1986, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, en una homilía pronunciada en el Santuario de Santa Rosa en Lima, dijo: «La rosa no es, sin embargo, solamente placentera a nuestros ojos, sino que con su perfume crea una nueva atmósfera alrededor de nosotros, tocando así todos nuestros sentidos y, por así decirlo, nos arrebata de este mundo cotidiano hacia un mundo mejor y más alto. Ella nos alegra precisamente porque, al menos por un instante, nos hace experimentar también el bien a través de lo bello…Su figura humilde y pura irradia su luz a través de los siglos sin muchas palabras; ella es el perfume de Cristo que hace resonar de sí misma su anuncio más fuertemente que a través de escritos e impresos. Así ella es también una gran maestra de vida espiritual, cuyas palabras están llenas de la profundidad de una experiencia vivida de Cristo en la consumación interior de sus sufrimientos vividos en comunión con Jesús el Crucificado».

Hoy, dejándonos iluminar por la luz que santa Rosa, la humilde y sencilla limeña irradia con su ejemplo, percibimos la fragancia grata de su ejemplo y nos podemos dejar aleccionar por ella en nuestro camino de fe. Es mucho lo que Rosa de Lima puede enseñar, pero podría señalarse tres aspectos importantes y urgentes.

1.- Maestra que enseña el absoluto de Dios en la propia vida.

Si algo ha de caracterizarnos a quienes seguimos a Jesús y, mediante Él descubrimos al Padre mediante la acción del Espíritu Santo, es el lugar que hemos de dar a Dios en nuestra vida: el primero. Rosa, desde su tierna niñez, tuvo a Dios como el Amor primero, pero será la experiencia del desposorio místico el reconocimiento práctico del Absoluto de Dios, donando el ser enteramente a Él mediante la unión con Jesucristo, el Verbo encarnado. Rosa se desposa con el Amado para ser transformada. El matrimonio espiritual consolidó su unión con el Señor, haciéndola unión vital, capaz de transformar la vida, viviendo desde y para Él. Es esa la esencia de la experiencia mística, que no es patrimonio de algunos, sino posibilidad de todos los bautizados. Rosa, mujer común de su tiempo (socio-económico-culturalmente hablando), con problemáticas análogas a la de tantos cristianos, sin huir del mundo, trabajando para ayudar a su familia sumergida en estrechez económica, viviendo relaciones en ocasiones difíciles con su madre, puesta bajo sospecha por la Inquisición, vivió tribulaciones que no la sumieron en depresión psicológica o desaliento radical. Se mantuvo en pie, pues supo relativizarlo todo desde el amor de Cristo, lo Absoluto en su vida. Unida a Él se dejó transformar, hallando las nuevas posibilidades que brotan en quien se abre a la acción del Espíritu. La santa limeña vivió la alegría de quien encuentra el amor de Dios y así halló la orientación fundamental de su vida, el amor por excelencia que colma de alegría.

Hoy, en nuestro mundo complicado por tantas situaciones y amenazas, es preciso hallar la alegría de la fe para vivirla adecuadamente. Por la fe verdadera, en medio de las agitadas aguas del mar del mundo, el creyente puede mantenerse firme e incluso caminar sobre las aguas de la dificultad sólo si permanece con los ojos del alma fijos en Jesús, para experimentar el amor de Dios y la fuerza que de él proviene. La esencia de la mística es experimentar a Dios, su inmenso e intenso amor y desde esa experiencia vivir en el mundo, con capacidad de superar los obstáculos y dificultades, sostenidos por el amor divino, y esto no es utopía irrealizable sino posibilidad real, como lo enseña con su vida la querida santa limeña.

2.- Maestra del arte de la oración.

La oración es diálogo hondo, profundo, perseverante, constante con el Señor. Rosa fue orante desde su niñez y por toda su vida.

Mediante la oración Rosa se sumergió en el abismo del amor mostrado en la Pasión del Señor al punto de querer gritar en la Plaza Mayor que no hay fuera de la cruz otro camino para llegar al cielo. Su oración auténtica la transformó, le permitió la vida virtuosa, sin desatender las responsabilidades de la vida cotidiana sino viviendo en plenitud, con deseo de cielo y por eso responsable con el día a día.

La oración la hizo fuerte y perseverante, configurándola con el Esposo de su alma y la iluminó en las noches del alma, pudiéndose leer su experiencia a la luz de la enseñanza hecha poema de san Juan de la Cruz: «Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada: oh noche que juntaste Amado con Amada. Amada en el Amado transformada!». El testimonio de oración de santa Rosa nos enseña a buscar la intimidad cordial con el Señor para alcanzar fecundidad espiritual.

3.- Maestra de caridad fraterna.

La caridad es virtud teologal que conduce a amar a Dios sobre todas las cosas y amar a los demás como Dios les ama. Santa Rosa dio sobradas pruebas de amor a Dios y se aplicó decididamente al amor a los demás. Amor a los de su casa, contribuyendo al sostenimiento del hogar con su trabajo, como declaró en el Proceso Ordinario el Contador Gonzalo de la Maza: «oyó decir este testigo diversas veces y en particular a la dicha María de Oliva su madre, que desde muy tiernos años los había la dicha Rosa de Santa María, su hija, ayudado con la continua labor de sus manos, que fueron muy primas en cuanto hacía».

Pero la caridad de Rosa trascendió el amor servicial a los suyos, prolongándose en amor servicial a los necesitados. En la homilía ya citada, el Cardenal Ratzinger dijo: «Puesto que ella ama a Cristo, el despreciado, el doliente, Aquel que por nosotros se ha hecho pobre, ella también ama a todos los pobres que llegaron a ser sus hermanos más cercanos». La santa limeña nos invita a no desentendernos de la exigencia de la caridad fraterna sino a vivirla de modo eximio como expresión clara del amor a Cristo, mediante la atención amorosa y servicial a los más necesitados, sirviendo en ellos a Aquel que no vino a ser servido sino a servir (cf. Mc 10, 45), reconociendo el rostro de Jesús en todo aquel que requiere del servicio fraterno realizado por amor (cf. Mt 25, 31-46)

Que la celebración de Santa Rosa nos ayude a ver en ella la hermana que, desde su sencillez, nos hace percibir la suave y deleitante fragancia de Cristo que de ella exhala como Rosa escogida y nos estimule a aprender de ella el modo de acceder a la experiencia de Dios.

Decía el gran teólogo del siglo XX Karl Rahner: «el hombre religioso de mañana será un místico, una persona que ha experimentado algo, o no podrá seguir siendo cristiano…El cristianismo del mañana será místico o no será». Que invoquemos a Santa Rosa para que nos ayude a «experimentar algo» pues sólo si somos místicos, personas abiertas a Dios, capaces de captar las mociones del Espíritu Santo y de dejar que actúe en nuestra inteligencia y voluntad, seremos verdaderos cristianos. Desde esa experiencia de gracia, siendo místicos podremos ser cristianos en un mundo que exige decisión y determinación, coraje, la parresía que podrá hacernos discípulos y misioneros de Cristo.